Cuentan que Albert Einstein odiaba hacer su declaración de impuestos. “Esta pregunta es demasiado difícil para un matemático, ─habría dicho mientras llenaba un formulario─ deberían hacérsela a un filósofo”.

Pero parece que los tribunales de justicia tampoco disfrutan revisando causas tributarias. Según un informe del Observatorio Judicial, en los últimos seis años la Corte Suprema muestra un aumento progresivo en las tasas de inadmisibilidad y rechazo de casaciones en materia tributaria. Del total de casos resueltos entre 2013 y 2018, los contribuyentes ganaron apenas el 25%. Pero incluso el SII, segurísimo campeón del período con un 75% de victorias a su haber, sufrió una fuerte disminución en el número de casaciones acogidas en 2018. Con todo, la mano sigue siendo más dura contra el contribuyente, que ganó apenas 6 de las 87 causas resueltas por la Corte Suprema en dicho año.

La justicia tributaria se encoge. Los usuarios del sistema han tomado nota y acuden a los tribunales cada día menos. Si en 2013 la Corte Suprema tramitó 323 casaciones en materia tributaria, en 2018 dicho número llegaba a apenas 172. La mayor parte de esta disminución no proviene del SII, cuyos ingresos se mantuvieron relativamente estables, sino de la actividad de los contribuyentes, cuyas presentaciones disminuyeron en un 55%. El mismo patrón se observa en primera instancia, según mostró un estudio anterior del Observatorio Judicial sobre la actividad de los TTA.

Lo grave del asunto es que pocas materias muestran una mayor disparidad que la relación entre el SII y los contribuyentes. Cicerón decía que los impuestos son los nervios del Estado. No es raro, por lo tanto, que mientras otras reparticiones públicas sean torpes y aletargadas, el SII sea todo músculo, nervio y efectividad.

Cabría esperar que la balanza de la justicia aplanara la cancha. Precisamente, la promesa de los TTA fue oficiar de tercero imparcial, reemplazando a un SII que hacía de juez y parte. Pero, dado que la mayoría de los jueces tributarios son ex funcionarios del SII, a nadie pudo sorprender que el 70% de sus sentencias resolvieran a favor del fisco. Y la Corte Suprema, lejos de corregir esta tendencia, la confirma.

Aquí es donde pasamos de la matemática a la filosofía. Si en todas partes observamos una judicialización creciente, si los ciudadanos recurren cada vez más a los tribunales en busca de soluciones, si las respuestas de los jueces son cada día más audaces y omniabarcantes; ¿cómo es posible que en materia tributaria veamos exactamente el fenómeno contrario? ¿Por qué disminuyen las presentaciones de los contribuyentes? ¿A qué se debe esta timidez de los jueces, tan protagónicos en otros ámbitos del derecho? ¿En qué momento se les agotó el celo justiciero?

Obviamente, el único que saca cuentas alegres es el fisco. Los tribunales le dan siempre la razón y los contribuyentes reclaman cada día menos. Este escenario constituye una verdadera invitación al SII para que haga como se le antoje y no hace falta ser Einstein para constatarlo. 

José Miguel Aldunate

Observatorio Judicial